Un estudio porteño advierte sobre el uso excesivo del celular entre estudiantes secundarios.

Una investigación realizada en escuelas de la Ciudad de Buenos Aires puso el foco en el tiempo que los adolescentes permanecen conectados a sus teléfonos celulares y en las posibles consecuencias sobre su bienestar emocional. El relevamiento, desarrollado conjuntamente por el Ministerio de Educación porteño y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), analizó los hábitos de 3.261 estudiantes de primero y cuarto año pertenecientes a 83 establecimientos educativos públicos y privados.

De acuerdo con los resultados obtenidos, los alumnos secundarios utilizan el celular durante un promedio de 6 horas y 10 minutos cada día. Se trata de un período equivalente a casi una cuarta parte de una jornada completa y que, acumulado a lo largo de un año, representa aproximadamente 92 días de exposición permanente a la pantalla del dispositivo.

Los resultados corresponden al primer Monitoreo de tiempo de pantalla y salud mental en estudiantes de nivel secundario de la Ciudad de Buenos Aires. El informe también detectó que alrededor del 40% de los adolescentes analizados presenta, al menos, una señal que puede indicar dificultades relacionadas con su bienestar socioemocional.

Entre los principales indicadores observados aparecen la ansiedad, los síntomas vinculados con la depresión, el uso considerado problemático del teléfono y la somnolencia durante el día. La presencia de estas señales no significa necesariamente que los estudiantes tengan un diagnóstico de salud mental, sino que identifica situaciones que requieren atención y seguimiento.

La investigación estuvo dirigida por Fabricio Ballarini, quien se desempeña como director del Departamento de Ciencias de la Vida del ITBA, y fue desarrollada junto con la cartera educativa de la Ciudad. Uno de los aspectos destacados del trabajo es la metodología utilizada para determinar cuánto tiempo pasan los jóvenes frente al celular.

En lugar de basarse exclusivamente en lo que los propios adolescentes declaran sobre sus hábitos, los investigadores recurrieron a los registros proporcionados por las herramientas de seguimiento del tiempo de pantalla que poseen los teléfonos. De esta manera, pudieron obtener información objetiva sobre el uso efectivo de los dispositivos, evitando posibles diferencias entre la percepción de los estudiantes y el tiempo real registrado.

Ansiedad, depresión y somnolencia, entre las principales señales

El análisis de los indicadores mostró que el 38% de los adolescentes presentó señales de alerta relacionadas con depresión. La somnolencia diurna apareció en el 37% de los casos, mientras que el 31% registró indicadores vinculados con ansiedad. Por otra parte, el 25% mostró señales asociadas a un uso problemático del celular.

El tiempo dedicado al dispositivo tampoco es igual entre los distintos grupos de edad. Los estudiantes que cursan cuarto año utilizan el teléfono, en promedio, 51 minutos más por día que quienes se encuentran en primero. En las situaciones de mayor exposición, algunos adolescentes llegaron a registrar hasta 11 horas diarias de utilización.

Estos datos muestran una diferencia importante entre los hábitos de los estudiantes más jóvenes y los de mayor edad y permiten observar cómo el uso del smartphone puede incrementarse a medida que avanzan los años de la adolescencia.

TikTok concentra una parte importante del tiempo de pantalla

Al analizar qué aplicaciones utilizan con mayor frecuencia los estudiantes, TikTok aparece como la plataforma que concentra la mayor cantidad de tiempo. Según el relevamiento, esta aplicación representa casi la mitad del uso total registrado en los teléfonos de los adolescentes que participaron de la investigación.

La comparación con otros países también permite dimensionar el nivel de exposición registrado en la Ciudad. Mientras los adolescentes del Reino Unido destinan aproximadamente cuatro horas diarias al uso del celular, estudios realizados en Estados Unidos ubicaron el promedio alrededor de las cinco horas.

Con 6 horas y 10 minutos diarios, los estudiantes porteños se encuentran por encima de ambas referencias internacionales incluidas en el análisis.

Una problemática que también alcanza a las escuelas

Los resultados fueron difundidos en un contexto en el que diferentes investigaciones científicas desarrolladas durante la última década vienen señalando un incremento de los problemas relacionados con la ansiedad y la depresión durante la adolescencia. Esta tendencia aparece con mayor intensidad entre las mujeres.

Al mismo tiempo, el debate sobre el uso de los teléfonos en las instituciones educativas adquirió mayor relevancia en la Ciudad. Siete de cada diez docentes porteños habían señalado que observaban una mejora en la capacidad de atención de sus alumnos después de limitar el uso de los celulares durante las clases.

La restricción, que inicialmente había sido aplicada como una medida para reducir las distracciones dentro del aula, durante este año pasó a establecerse como una prohibición explícita en las escuelas porteñas.

La ministra de Educación de la Ciudad, Mercedes Miguel, resumió la posición del Gobierno porteño al sostener que los teléfonos celulares habían “hackeado la atención de los estudiantes”. En ese sentido, remarcó la necesidad de contar con información producida específicamente sobre la realidad de los adolescentes porteños para poder diseñar respuestas frente a esta problemática.

Un diagnóstico basado en datos concretos

El relevamiento se llevó adelante entre abril y julio de este año y combinó dos fuentes de información. Por un lado, se utilizaron los registros objetivos relacionados con el tiempo que los estudiantes permanecen frente a las pantallas. Por otro, se aplicaron herramientas de evaluación del bienestar y la salud mental que cuentan con validación científica a nivel internacional.

La combinación de ambas variables permitió elaborar un diagnóstico más amplio sobre los hábitos tecnológicos de los adolescentes y su posible relación con distintos indicadores de bienestar socioemocional.

El estudio constituye uno de los relevamientos más completos realizados hasta el momento sobre el vínculo entre los estudiantes secundarios porteños, el uso del celular y determinados indicadores relacionados con su salud mental.

Los resultados también vuelven a poner en discusión las políticas destinadas a regular el uso de dispositivos electrónicos en las escuelas. Si bien las restricciones dentro de las aulas buscan favorecer la concentración y disminuir las distracciones, los datos muestran que una parte considerable del tiempo de exposición ocurre fuera del ámbito educativo.

Por ese motivo, el desafío no se limita únicamente a establecer reglas dentro de las escuelas. El uso cotidiano de los teléfonos continúa estando fuertemente condicionado por las rutinas y decisiones que se toman en cada hogar, donde los adolescentes permanecen conectados durante varias horas al día.

En este escenario, el relevamiento aporta información concreta para comprender la magnitud del fenómeno y plantea nuevos interrogantes sobre cómo abordar el vínculo entre tecnología, hábitos cotidianos y bienestar emocional durante la adolescencia.

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